Las inversiones fantasma de Metro de Madrid

18.09.2014. Aroa Díaz. Seguridad Integral Canaria. Hace unos meses escuché por primera vez ese nombre. Fue en el mes de marzo. Llevaba años leyéndolo en los uniformes de los agentes de seguridad de Metro de Madrid que tan fervientemente hacen su trabajo yendo de estación en estación intentando “hacer bulto” para que no se note la falta de efectivos -tal y como señalaban algunos empleados de la compañía-. Sin embargo, hasta que no realicé un reportaje de investigación acerca de la situación de la red de suburbano de la capital no me percaté de ello.

Es curioso lo que puedes llegar a ver… y no ver.

Una vez finalizada la investigación -cuyo resultado podéis ver aquí-, me propuse continuar investigando a esta compañía, así como seguir los pasos de Metro de Madrid, pues, como decía mi antigua jefa María Senovilla, un periodista nunca debe olvidar sus investigaciones.

Pues bien, en estos meses he asistido atónita a decenas de cambios por parte de ambas empresas.

Por un lado, Metro de Madrid ha pasado de tener unas cuentas deficitarias y, por ende, llevar a cabo recortes en todo tipo de mantenimientos; a “mágicamente” obtener beneficios que poder invertir en remodelaciones de las vías y en un aumento del número de convoyes para las líneas que atraviesan el centro de la ciudad. Unas inversiones que no han revertido en una mejora del servicio.

Las líneas más transitadas -como son la línea 10, la línea 5 o la línea 6- siguen sufriendo graves averías que obligan a interrumpir el servicio durante varios minutos (a veces, incluso horas), con el perjuicio para los usuarios que ello conlleva. El eslogan de “Metro de Madrid, vuela” ya no sirve.

Además, existen averías denunciadas reiteradamente por trabajadores y usuarios que no se han saldado. Ejemplo de ello es la avería situada en la línea 8.

Según pude saber, el depósito de los trenes que transitan la línea 8 se encuentra en Fuencarral (línea 10) existiendo un túnel especial de acceso para que los trenes lleguen a cocheras a través de Nuevos Ministerios. Pues bien, debido a la falta de mantenimiento, las agujas que permiten el cambio de la vía “comercial” al túnel se encuentran enclavadas al suelo y no se pueden mover, lo que hace imposible el paso.

Debido a que no hay otra salida en Nuevos Ministerios que conecte la vía 8 con otra, los conductores se ven obligados a dar un largo rodeo a través de la línea 9 para llegar a la “nueva Plaza Castilla” donde cambiar, por fin, a las vías de la línea 10 y acceder a Fuencarral. En este trayecto, los convoyes sufren daños en su instalación eléctrica debido a la peculiaridad de la línea 9 -su voltaje es más bajo que el del resto de líneas, por eso sus trenes son distintos- y suelen quedarse “calados” en medio del trayecto provocando así retrasos en el servicio.

A pesar de todo, estas agujas no entraban en los planes de mejora que Metro de Madrid había ideado para llevar a cabo este verano.

Por otro lado, según los trabajadores, la compañía continúa con el “matenimiento caníval“, una práctica consistente en la reparación de averías en, por ejemplo, escaleras mecánicas mediante la instalación de piezas de las escaleras ubicadas en una estación cerrada. Unas averías que, por otro lado, continúan siendo frecuentes y de lenta reparación.

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